Ser Correntino
Como consecuencia del intercambio cultural y la mixtura racial entre los
aborígenes, esencialmente tupí-guaraníes, y los conquistadores españoles -el
aporte africano, introducido con la esclavitud y durante la Guerra de la Triple
Alianza con combatientes de color que se radicaron, apenas fue significativo-,
se fue formando una cultura autóctona, criolla, matizada por la adaptación de la
diferentes comunidades a los ambientes que ocuparon, entre la diversidad que
presentó la provincia de Corrientes.
Los mestizajes posteriores fueron escasos en el tiempo, lo que ha contribuido a
la formación y el mantenimiento de una identidad cultural particular y
firmemente establecida por su continuidad. El habitante correntino es el
resultado de una sentida forma de vivir y de la adaptación biológica a su
hábitat de pertenencia, definiendo una organización socioeconómica y tecnológica
y una idiosincracia particulares de esos hábitat, aunque con aspectos comunes a
todos, como el uso de la lengua y el sentir mágico-religioso que los
caracteriza.
Ecotipos Correntinos
Desde una perspectiva abarcativa, es posible definir el paisaje en el que se enmarcan los naturales correntinos en tres categorías:
Las planicies y llanuras onduladas con inclinación
hacia los grandes esteros y arroyos. Ambiente apto para la agricultura y la
ganadería, se encuentran integrados en él dos particulares modos de vida: el
peón de ganado o mencho, hábil en la jineteada y en todas las artes
relacionadas, y el productor agrícola de cultivos tradicionales (maíz, mandioca,
batata, algodón, etc.), al que se asocia el boyero, que maneja y cuida los
animales de tiro.
Las extensas zonas cubiertas de agua del ecosistema lacustre. El
habitante de las tierras bajas -con extensos bañados, esteros y lagunas (Iberá,
Batel, Santa Lucía, entre otros)- vive en comunidades de residencia dispersa
compuesta por mariscadores, o cazadores furtivos, pescadores y horticultores de
bajío, para quienes la supervivencia depende en gran parte de la rica y aún
variada fauna silvestre, muchas de cuyas especies se encuentran en franca
regresión o en peligro de extinción.
Y por último, las islas y riberas fluviales. El isleño, que
convive en un medio enmarcado por las aguas, vive naturalmente de la pesca, pero
se dedica por igual a otras actividades que el hábitat propicia, como la huerta
familiar de escasas dimensiones, la cría de animales de corral y, en ciertas
épocas del año, el aprovechamiento de los recursos madereros de la islas, que lo
convertirá en jangadero. Al otro lado de las majestuosas aguas del Paraná
encontramos al ribereño, pescador de mallón y espinel por antonomasia.
- Integración social
Si bien el 60 % de sus 800.000 habitantes se ubica en las áreas urbanas, la
organización social se caracteriza por estar compuesta por grupos de familia
semiextensas de residencia dispersa, identificadas a pesar de las largas
distancias que las separan merced a las fluidas relaciones mantenidas por
convivencias familiares o de prestación de servicios, lo que motiva que sea
posible ese especial equilibrio de los vínculos familiares y personales, así
como con los sistemas naturales y transformados que los cobijan.
Común a todos los ecotipos culturales correntinos es la fabricación artesanal de
objetos de variados tipos y formas que, además de satisfacer necesidades
materiales inmediatas y consolidar las relaciones sociales -como la
contraprestación de servicios-, cumplen la función de dar salida a la compulsión
creativa, en la que se conjugan la destreza manual y las dotes artísticas.
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