Síntesis Histórica
- A través de los tiempos
La extensa área que conforma la Cuenca del Plata
estuvo ocupada, hasta la llegada de los tupí-guaraníes, por tribus nómadas
dedicadas a la caza, la pesca y la recolección. Las sabanas del sur de Brasil,
Paraguay oriental y la Mesopotamia argentina estaban pobladas por los guayanás,
mientras que makás, guaycurúes y charrúas se desplazaban por el Chaco, la pampa
argentina y parte del Mato Grosso, en Brasil. Las tierras al sur del río
Corriente estuvieron habitadas por tribus caingang, étnicamente emparentadas con
los charrúas, también de habla arawak, que habían abandonado la pampa
posiblemente empujados por tribus más belicosas.
Alrededor del 500 a.C., desplazados de la región amazónica probablemente a causa
de prolongadas sequías seguidas de incendios, empezaron a llegar a estas tierras
los primeros grupos de indios tupí-guaraníes. Este pueblo había desarrollado en
la selva una cultura agrícola basada en el cultivo de la mandioca y el maíz,
mediante la técnica de "roza y quema", que utilizaba como fertilizante de la
tierra las cenizas de los árboles talados. Semejante forma de vida determinó una
estructura social y económica basada en la familia y, por extensión, en el clan
familiar. Los guaraníes se agrupaban en aldeas de 30 a 100 familias ligadas por
parentesco, que suponían poblaciones de entre 200 y 600 personas, lo cual les
permitía desenvolverse en una pequeña zona para la caza y la recolección de
frutos silvestres, requiriendo para el cultivo un área de extensión reducida
ganada a la selva. Merced a su estructura social, los territorios ocupados por
los guaraníes presentaban una densidad demográfica que les daba ventaja sobre
las tribus nómadas, cuya supervivencia dependía de lo que encontraran en sus
desplazamientos, factor que dificultaba la conformación de grupos numerosos.
Así los guaraníes no tuvieron dificultades para imponer su cultura a la mayoría
de los grupos preexistentes en la región, mediante la transmisión de su lengua
(ava-ñe'é) y los matrimonios intertribales. Sin embargo, no siempre la
expansión guaraní fue pacífica, y aquellos pueblos que no se aliaron a los
vencedores supieron de las habilidades guerreras de los recién llegados.
Cuando en 1528 Luis Ramírez, un marino de la armada de Sebastián Gaboto, remontó
el Paraná y tomó contacto con tribus guaraníes, éstos dominaban gran parte de la
región y su influencia se hacía sentir por toda la zona. Sus aldeas
multifamiliares, presentaban una sólida vinculación sociopolítica, gracias a una
organización cooperativa del trabajo basada en la reciprocidad y la solidaridad.
La política guaraní estuvo estructurada en un conjunto de instituciones
jerárquicas, funciones y pautas tendientes a organizar las múltiples tareas que
concernían a la aldea en su conjunto, o al grupo de aldeas vinculadas por
alianza o enfrentadas por enemistad.
El arribo de los conquistadores españoles terminó rápidamente con el dominio
guaraní. En 1535 Juan de Ayolas se topó, mientras exploraba el Paraná en busca
de las riquezas del Perú, con canoas mepene que le cerraban el paso y le exigían
tributo para poder transitar por el territorio, a lo que el explorador contestó
a cañonazos dispersando a los indígenas, tras lo cual continuó viaje río arriba.
En ese periplo Ayolas obtuvo la colaboración del cacique Arambaré para
consolidar en la margen oriental del río el campamento español que se
convertiría más tarde en la ciudad de Asunción. En 1552 una expedición comandada
por Domingo Martínez de Irala desembarcaba en el Alto Paraná para desbandar a
los indios que hostilizaban las comunicaciones de Asunción del Paraguay con
Brasil y el Río de la Plata. En1588 cuando Juan Torres de Vera y Aragón fundaba
el pueblo de San Juan de Vera y Aragón de las Siete Corrientes, los ataques de
los guaraníes eran escasos. Por esa razón, ya en esa época los españoles
empezaron a repartir entre los primeros colonos "estancias" para la cría de
ganado y a asignarles en "encomienda" a la mayoría de las tribus que habitaban
esta tierra.
La encomienda -una forma encubierta de esclavitud que
autorizaba al encomendero a atacar y capturar a los indios- y posteriormente las
reducciones (pueblos de indios donde se los catequizaba bajo la tutela de
religiosos jesuitas, franciscanos y mercedarios) pacificaron temporalmente a los
belicosos guaraníes.
De esa etapa colonizadora quedan vestigios en toda la geografía correntina, como
las misiones de San Carlos, Santo Tomé y la de Yapeyú, que fundada por los
jesuitas en 1626, llegó a tener una población de más de 8.000 indios y donde
funcionaron un astillero, una escuela de música y otra de primeras letras.
- Los próceres correntinos
En Yapeyú, precisamente, se conservan los restos
de la casa natal de uno de los máximos héroes de la emancipación americana: el
General José de San Martín.
A pesar de que la provincia de Corrientes se ve separada del resto del país por
dos grandes vías de agua, como son los ríos Paraná y Uruguay, el aporte de
sangre correntina a la consolidación de la patria fue abundante, tanto en las
luchas intestinas de la Nación cuanto en las guerras que la Argentina debió
arrostrar contra otros Estados.
Cuando en la segunda mitad del siglo XVIII fue expulsada la Compañía de Jesús y
la corona española abandonó la política de catequización y tutela de los indios,
iniciada por Isabel la Católica, la solidez del imperio ya se estaba
resquebrajando, y algunas manifestaciones de la rebeldía de los criollos de
Corrientes se hicieron patentes, como la formación de los comuneros correntinos,
en 1763, por influencia del movimiento asunceño, contra el poder central.
Tras la formación del Virreinato del Río de la Plata, en 1777, el territorio de
Corrientes pasó a formar parte de la Intendencia de Buenos Aires, junto a Entre
Ríos y Santa Fe, y treinta años más tarde enviaría a la Capital a su cuerpo de
Cazadores Correntinos, para defenderla de los ingleses.
La gesta de la Revolución de Mayo tuvo también sus héroes correntinos, como don
Genaro Perugorria, muerto por orden de Artigas; don Angel Fernández Blanco, que
organizó de su bolsillo el Regimiento Juan de Vera y las milicias patrióticas
que participaron en la Revolución, o el pequeño Pedro Ríos, valeroso Tambor de
Tacuarí, que murió alentando a las tropas del general Manuel Belgrano durante la
campaña libertadora del Paraguay.
Desde 1818 hasta 1820 Corrientes fue ocupada por los indios de las misiones, a
cuyo mando estaba Andrés Guaycurari. El cacique entrerriano Francisco Ramírez
terminó con el dominio de Artigas y su lugarteniente, pero utilizó los recursos
de Corrientes en provecho de su lucha contra Buenos Aires. A su muerte, López
Jordán pretendió heredar el mando, por lo que se produjo un levantamiento
liderado por Lucio Mansilla que terminó con la liberación del territorio.
El 11 de diciembre de 1821, siendo gobernador el comandante Juan José Fernández
Blanco, fue dictada la Constitución correntina, la primera Carta Magna que tuvo
el país. Pocos días más tarde, el 18 de diciembre, se publicaba el estatuto
constitucional provisorio, que con algunas modificaciones sería la Constitución
de 1824, y el Congreso Provincial nombraba gobernador y capitán general de la
provincia a don Juan José Fernández Blanco.
Con autorización del Congreso, el 28 de febrero de 1839 el gobernador Genaro
Berón de Astrada declaró la guerra a Rosas, respondiendo a la alianza entre
Corrientes y la joven República Oriental del Uruguay. El 31 de marzo las tropas
rosistas vencían a las correntinas en la batalla de Pago Largo, donde Berón de
Astrada hallaría la muerte. A poco, Echagüe tomaría posesión de Corrientes.
Después del triunfo de Lavalle y Yerva contra el gobernador rosista Zapata, la
provincia invirtió recursos y hombres en la formación de la Legión Argentina, a
cuyo mando se colocó Lavalle.
El 28 de enero de 1840 Corrientes declaró nuevamente la guerra a Rosas y nombró
al general José María Paz comandante en jefe del Tercer Ejército Libertador.
Triunfos y derrotas se sucedieron sin que Corrientes pudiera obtener el
derrocamiento de Rosas, en una guerra que estaba desangrando a la provincia,
hasta
que en 1852 el ejército del general Urquiza y fuerzas correntinas al mando del
coronel Miguel Virasoro, gobernador de Corrientes, derrotaron a las huestes
rosistas en la batalla de Caseros.
El 25 de mayo de 1865 señala el inicio de la Guerra de la Triple Alianza. El
ejercito paraguayo ocupó la ciudad de Corrientes, y las milicias correntinas
defendieron el territorio provincial hasta octubre, cuando Buenos Aires envió
tropas a una guerra que se prolongaría casi cinco años.
- De Territorio a Provincia
La definición política y administrativa de Corrientes
fue lograda de forma paulatina, conforme con las necesidades que los poderes
públicos satisfacían. Tras el período colonial, la ciudad de Corrientes se
convirtió en cabecera de un amplio territorio jurisdiccional, dividido en
partidos (vecindarios rurales) sujetos al gobierno militar de comandantes y a la
gestión judicial de jueces comisionados. Estos partidos aumentaban en número
cada año, definiendo nuevos grupos poblacionales sin límites territoriales
precisos, ya que entre ellos mediaba el desierto originario. La parroquia fue la
única jurisdicción reconocida al iniciarse el período independiente, heredada de
las leyes españolas, en las que representaba una región político-religiosa. La
parroquia evolucionaría a departamento a través de las leyes de demarcación y
creación que se formularían hacia 1860.
El 10 de septiembre de 1814, mediante decreto nacional, firmado por el director
supremo Gervasio Posadas, Corrientes se elevaba al rango de provincia, aunque
sus límites meridionales se veían lesionados. Por este motivo, hasta 1843 no se
trazaría la frontera provisional con la provincia de Entre Ríos mediante un
tratado interprovincial, aunque la demarcación definitiva sería reconocida por
la Nación recién en 1882, como en 1896 lo sería la frontera con la provincia de
Misiones.
'Fuente: Capítulo "A través de los tiempos". Autor: José Enrique García Enciso. Del libro "CORRIENTES/Argentina"
(Manrique Zago Ediciones S.R.L. - Impreso en noviembre de 1995).
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